* Artículo publicado en A B C del 19-IV-1966 (cf. pág. 246). AN TI Y O CONGR E *


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1 AN TI Y O CONGR E * Estos días nuestra capital ha presenciado un singular suceso. Los testigos oculares han sido pocos, pues el hecho se ha arrollado discreta y sencillamente, sin alharacas ni publicidad excesiva. Casi seiscientos docentes y especialistas en letras griegas y latinas, viejos y jóvenes, maestros y discípulos, españoles en gran mayoría acompañada por un selecto número de i extranjeros, se han reunido en fraternal celebración del año1 de Estudios Clásicos. ngreso más, podría decirse. Sí, tal parece a primera para darse cuenta de toda la importancia de esta que entenderla en una perspectiva histórica. En una penosa perspectiva histórica de desidia e incompetencia. la verdad. No es falta de patriotismo ofrecerla descarnadamente* Y sí es hermoso para un español poderse gloriar de que las cosas de hoy no son ya, por fortuna, las cosas de ayer. Si por Renacimiento entendemos la floración de los estudios clásicos que en toda Europa produjo el redescubrimiento de la Antigüedad a partir del siglo XIV, España queda por desgracia un poco al margen del entusiasmo y progreso general. Una hermosa ponencia de Luis Gil, leída precisamente ante el Congreso que comentamos, nos da tristes datos al respecto. Los entusiasmos del gran Nebrija decayeron pronto. u coetáneo, el porlugués e * Artículo publicado en A B C del 19-IV-1966 (cf. pág. 246).

2 arbosa, no encuentra en toda Salamanca más que dos o tres as que dominen la lengua latina; nuestros teólogos del Concilio de 'Trento descollaron por lo visto más en materia doctrinal que en cuanto a soltura lingüística; Nuarte de San Juan dice en 1545 que el lat de los escritores españoles es "barbaro y mal rodado", y el P. ariana, en 1592, que nuestra nacidn no siente ninguna inclinación hacia este tipo de estudios. Hay excepciones, claro está, y aun heroicas: Cismros y su poliglota, Vergara, el magnífico Comendador griego, el genial Brocense. Pero Renacimiento español se agota y declina, apenas iniciado, por una serie de concausas bien conocidas: apatía general, penuria de recursos, ostentación "snob" de no intelectualismo, aislamiento del humanista en la sociedad, recelo justificado ante posibles persecuciones inquisitoriales, etc. Hasta los factores positivos -dedicación preferente a la teología como debeladora de herejías o a la filosofía como formadora de aimas, polarización hacia la vida pragmática en los negocios del Imperio-- contribuyeron a asfixiar a la apenas nacida criatura. 1 xvrx nos trae rutina y decadencia; el XVIII, afición extranjerizante hacia las lenguas y culturas modernas, especialmente la francesa, frente a las clásicas. Feijoo disuade a un amigo del estudio del griego; el deán Martí tiene que aprender la lengua helénica él solo, "destituido de todo subsidio humano", como dice ayans; y la Universidad de Cervera utiliza libros de texto puicados hace doscientos años. El xrx comienza aún con peores auspicios. En 1848, el titular de griego de la Universidad barcelonesa comunica al rector que no hay un solo alumno triculado ; y ocho os más tarde, el entusiasta catedrático de drid, don T-ázaro rdon, tiene que remangarse la sotana y mancharse las manos de tinta, pues no hay tipógrafo capaz de componerle su manualito de Lectiones ería muy largo, en fin, seguir relatando las desgracias de las humanidades en España, contraste flagrante con cuanto ha venido ocurriendo, sin apenas interrupciones ni desmayos, en el resto de la Euro~a culta: abandono de su estudio vor ciuienes podrían

3 BL CONGRESO DE ESTUDIOS GLÁSICOS 113 haber sido especialistas insignes (Valera, Menéndez vet, Unamuno); falta evidente de trasfondo humaní tros escritores de la Regencia o del 98 ; desaparición casi total del griego y el latín en la Universidad. El punto más bajo de la desdichada curva podría situarse tal vez entre 1910 y Ahora, en cambio, nos encontramos, desapasionadamente podemos decirlo, en el mejor momento de que jamás gozaron los estudios clásicos en España. Imposible no preguntarse, ante tal situacidn, la causa de tan notable fenómeno. El problema es un tanto complejo. No podemos atribuir el nuevo auge del griego y el latín a razones políticas. Es curioso, a este respecto, el hecho de que las primeras muestras de tímida reacción se inicien en la Dictadura para continuar sin retrocesos a lo largo de la República, la guerra civil y la postguerra. Es cierto que indudablemente hay en ello influencia dide una circunstancia casi casual: la de que, en la reforma achillerato proyectada y estructurada en las reuniones vitorianas de 1938, imperó el criterio, fomentado principalmente por algunos padres jesuitas --y es una honra para la Compañía el quo sus estudios hayan mantenido siempre una vela humanística todo lo tenue que se quiera, pero tenaz y bien caracterizada-, de que el porvenir de la juventud española y las garantías contra una repetición de nuestro tremendo drama estaban en una enseñanza media basada de modo capital en las humanidades como factor educativo del futuro ci~ldadano. 1 empeño fracasó, tal vez por prematuro o por audaz, pero los esquemas administrativos siguieron en pie. Un numeroso cuerpo de profesores de griego y de latín iba a constituir solera fértil para la docencia y la invesión en materias clásicas. in embargo, eso no es todo. udo haber venido, incluso dentro de este régimen, una reacci6n de tipo "t6cnico". No faltan precedentes por ahí fuera. Ido que alguna vez he llamado la conspiración conjunta de la máquina y el taparr suele arramblar con los latines dondequiera que se imponga. cisamente &e es un punto en que Rspafia anda, como en tantos, un poco a contrapelo del mundo. B-as humanidades retroceden incluso en sus baluartes más reconocidos : Alemania, Inglaterra, Italia.,

4 MANUEL F. GALIANO reloj marcha con cincuenta años de retraso? Tampoco creemos que sea ésta la causa. En definitiva, lo que ha ocurrido es que se ha creado un clima. Un grupo entusiasta de enamorados de lo clásico, luchando con ahinco y defendiéndose -pues tampoco han faltado ataques y peligros- con uñas y dientes, ha producido una situación cultural y social con la que en adelante habrá que contar. En España está hoy de moda lo clásico, y al hablar de moda no nos referimos, claro está, a un simple capricho pasajero, sino a un cierto nivel de aceptación y popularidad -relativa siempre, claro estáen la masa media de españoles cultos y semicultos. orque, además, todos estamos ya al cabo de la calle. Nada muertas" ni de culturas muertas. El latín y el griego e "los griegos somos nosotros", según dijo soberanamente nuestro Zubiri. 71' el genio del Lacio resulta inseparable hoy día de la nueva latinidad mediterránea. Así este Congreso, pud a pensarse que paradójicamente, apenas ha tratado más que as modernos, actuales, actualísimos. u presidente, Rodríguez dos, hizo notar en su discurso que una de nuestras ilusiones es la de influir en may la cultura literaria e ideológica de nuestro país. fuera, como una inyección de viejos valores y viejos conceptos, sino desde dentro. aciéndonos, por ejemplo, problema de Xa traducción de los S ciásicos al español, con todos los supuestos de fondo y forma que esto implica; examinando la itología no como colección de vetustas fábulas, sino como sustrato psicológico y etnológico de la humanidad actual; buscando en el Bajo Imperio las fuentes de la civilización medieval de que hemos nacido; evocando las almas espectrales de dos hombres de hoy, Virgilio y Eurípides, tan desemejantes en muchas cosas, pero igualmente modernos en sus inquietudes y nostalgias, en la dulce melancolía del sunt Zmrimm rerum y en la angustia cósmica del " quién sabe si vivir es morir y morir vivir?"; trayendo ideas de ayer y técnicas de ayer para encauzarlas y trasvasarlas a nuestra terminología filosófica o a nuestros conceptos urbanísticos; tocando, en fin, temas tan adentrados en lo que debe ser la conciencia cons.

5 EL CONGRESO DE ESTUDIOS CLÁSICOS 11s tiuctiva de un europeo de 1966 como la constante incitación a la armonía estructural. Gste ha sido uno de los extremos en que el Congreso dejará huella. El campo de la Lingüística, demasiado dominado hasta hoy por un historicismo de perspectivas verticales, está siendo cada vez más y más enfocado por un estudio de las estructuras y tendencias funcionales en que los conjuntos sincrónicos de cada lengua se han hecho a sí mismos. A este respecto hemos oído cosas verdaderamente apasionantes : posibilidad de un estudio ordenado, recurriendo a paradigmas como los morfológicos, de los elementos sintácticos; clasificación y ordenación de un sistema coherente de los pronombres y numerales latinos; aplicación las nociones estmcturales a la estilística de Horacio y Virgiho, a la organización de los diccionarios usuales (tan afectados hoy de rutinaria esclerosis en sus desordenadas retahilas de acepciones), al mejor enjuiciamiento de los elementos cómicos de Aristófanes, al análisis oracional realizado a partir del factor sintáctico, etcétera. Es muy esperanzados, por otra parte, que España esté hoy en primera línea de los estudios estmcturales. Las nuevas generaciones, orientadas desde un principio en este tipo de organización mental, llegarán a resultados sorprendentes. Y enseñarán mejor el idioma. El de la realidad circundante, no ha perdido de vista en ningun momento el hecho de que la len a no se estudia preferentemente como objeto en sí, sino como instrumento para la asimilación de los valores humanos transmitidos en los textos. Es, pues, interesante que el griego y el latín se aprendan en la forma más rápida, más perfecta, más sistemática. No pérdidas de tiempo en el caótico manejo de los léxicos, sino aprendizaje memorístico -sí, no caigamos en la fácil crítica de Mlnemósine, madre de las Musas después de todo- en un vocabulario básico estadísticamente extraído ; ni el usual caos didáctico de reglas y excepciones, sino una gramática elemental y clara, penetrada sólo en justa dida por los resultados de la alta lingüística; y así sucesivam Y para los que ya peinamos canas s no peinamos nada, para 10s que vemos florecer a nuestro lado la espléndida generación de alumnos que nos alca zan y nos superarán sin duda, el per-

6 116 MANUEL F. GALIANO fume sentimental de ese latín casi marchito quizá, pero eternamente evocador que nuestros mayores nos legaron. Un latín vivo; un lath que no debe morir jamás. Era un gozo escuchar al profesor Zuntz, de la Universidad de Manchester, su comunicación, desarrollada totalmente en latín, sobre un viejo códice de Eurípides que durante la última guerra se guardaba en las arcas de amo londinense cuando erupit bellum, venerunt hostium mavolantes, tela incendiaria rniserunt, ardebat domus trapezitica, accurrerunt excubiae, ignem aqua harenaque iniectis exstinxerunf... Era como una bella estampa del Renacimiento. jque no se pierda el latín! Los aplausos cerrados de la juventud ante una promesa ministerial eran todo un poema. iy cómo ovacionaron todos, frailes y monjas en primera línea, el conmovedor alegato de Díaz y Díaz sobre el latín litúrgico! Es para nosotros objeto de la más patética nostalgia, aunque nos inclinemos disciplinadamcnte ante decisiones inspiradas en el mejor espíritu de difusión popular, que haya desaparecido de la isa la palabra misa; que sea previsible que dentro de cuarenta años no quedará nadie, salvo algún erudito, para quien tenga sentido entonar el mea culpa, ser un domine, beber los kiries, tener un cdico miserere, rezar el credo, reirse del sursum curda, estar hecho un adefesio, escribir aleluyas o armar un tole. Pero, por favor, que si se ha de traducir se traduzca bien. Las tiendas de paga dcl Tabor, tan propias de pueblos nómadas, se convieren chozas; los milagros de Cristo son signos, y, ante una expresión de sentido dudoso, se prefiere la interpretación más abstrusa y menos popular al verter paz a los hombres que ama el Señor en vez de aquel paz a los hombres de buena voluntad que nos dejaba confortablemente convencidos de que Dios agradece eso, la buena voluntad, que es lo más a que el pecador alcanza ello ha habido a raudales en el Congreso. Y es lógico que así haya ocurrido. Porque, como puso de relieve acertadamente el discurso presidencial, la buena voluntad, la filantropía en sentido aristotélico, no es otra cosa, en definitiva, que la humanitas.

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