Óscar de la Torre University of North Carolina at Charlotte


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1 Los ambiguos efectos de la fluidez y la contingencia: La postemancipación en el Brasil fronterizo (Amazonía, ) Óscar de la Torre University of North Carolina at Charlotte Resumen: Este artículo analiza cómo la flexibilidad y la fluidez en las relaciones sociales de los territorios fronterizos afectaron a los proyectos de libertad de los afrobrasileños después de la abolición. Estudiando el caso de la Amazonía, analiza los patrones de movilidad geográfica y los mecanismos de acceso a la propiedad agraria. Aunque datos censales sugieren una aparente estabilidad espacial, en realidad existieron patrones de movilidad supralocal. Además, la informalidad en el acceso a la propiedad agraria facilitó la pervivencia de estrategias políticas propias entre las comunidades negras rurales de la Amazonía. Palabras clave: Postemancipación, Frontera, Amazonía, Comunidades negras rurales. Abstract: This article analyzes how the flexibility and the fluidity of social relations in the borderlands shaped Afro-Brazilian projects of freedom after abolition. Studying the case of Amazonia, it analyzes patterns of geographic mobility and mechanisms of access to landownership. Although census data suggests an apparent spatial stability, in reality there were patterns of supra-local mobility. In addition, informality in access to landownership facilitated the maintenance of the political strategies created by the black rural communities of Amazonia. Keywords: Post-emancipation, Borderlands, Amazonia, Black rural communities. Si desde un punto de vista legal y político el año 1888 señaló el final de la esclavitud en Brasil, la abolición significó el inicio de una nueva etapa para los proyectos de libertad que los afrobrasileños venían desarrollando desde mucho antes. Los historiadores han mostrado cómo la Ley Áurea constituyó un momento significativo para los casi tres cuartos de millón de personas que todavía eran esclavos, lo que les convertía en bienes semovientes, como el ganado, y en trabajadores explotados casi sin límites. Sin embargo, desde otro punto de vista, el 13 de mayo de 1888 fue parte de un proceso gradual de erosión de la institución esclava, protagonizado tanto por los abolicionistas organizados como por los propios escla- Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

2 vos. Mientras unos presionaban para aprobar leyes que acortaran la vida de la institución esclava, o que le pusieran fin, los otros transformaron gradualmente los límites del cautiverio al desarrollar una economía autónoma, al crear familias y comunidades, al erigir una vibrante cultura propia, o al adoptar estrategias más rupturistas como la fuga, la rebelión, o el cimarronaje. En último extremo, como nos recuerda la historiografía reciente, los caminos hacia la libertad fueron múltiples y complejos (Schmidt-Nowara, 2011: 116). Tanto en Brasil como en el resto de América Latina, los historiadores van reconstruyendo los proyectos de libertad de los ex esclavizados de manera gradual y fragmentaria. Poco a poco sabemos más sobre sus actividades económicas y políticas en el ámbito urbano, sobre sus trayectorias específicas de acceso a la ciudadanía, y también sobre sus condiciones de vida en el ámbito rural. En Brasil, a la ya significativa producción sobre la postabolición en Río de Janeiro, São Paulo, y Bahía, se le van uniendo otras regiones como Minas Gerais, la región Sur, la Amazonía y otras provincias nordestinas, si bien todavía existen importantes vacíos tanto temáticos como regionales. 1 Y uno de ellos es, precisamente, cómo las condiciones sociales en los territorios de frontera afectaron a los proyectos de libertad que los ex esclavos construyeron después de De acuerdo con síntesis recientes sobre las fronteras (frontiers o borderlands) 2 en el continente americano, «en términos de género y también de raza y clase, las fronteras fueron regiones de intensa negociación y violencia, zonas donde las identidades sociales eran más fluidas» que en los centros de poder (Guy y Sheridan, 1998: 15). Espacios, en otras palabras, «de movilidad, espacios donde los individuos pudieron eludir la dominación, cruzar culturas, o cambiar [sus] categorías», caracterizados por la «informalidad, la autonomía» y la «fluidez» (Hämäläinen y Truett, 2011: 348, 338). Durante el siglo xviii, la expansión luso-brasileña hacia el interior de la provincia de Minas Gerais presionó a las tribus indígenas locales y creó zonas en las que negros y mulatos libres «se movieron a su propia cuenta y riesgo» despertando la preocupación de las autoridades coloniales por la composición racial y social de los colonos (Langfur, 2006: 128, 158). En la California recién conquistada por EE.UU. en la década de 1850, emergió una versión local de la esclavitud africana que «aunque todavía marcada por la coerción y la violencia, era remarcablemente fluida, flexible y sujeta a negociación» (Smith, 2011: 30). Algunas décadas después, en la fronte- 1. Butler, 1998; Dean, 1976; Fernandes, 1969; Fraga Filho, 2006; Da Cunha, 2007; Graden, 2006; Guimaraes, 2006; Mattos, 1995; Naro, 2000; R Rios y Mattos, 2005; Stein, 1985; Weimer, Por frontera voy a considerar las «áreas geográficas escasamente pobladas y periféricas a los centros de poder económico y político, que [en un momento determinado] experimentan rápidos procesos de cambio demográfico, agrícola, o tecnológico» (Little, 2001: 1). Traducción propia, a menos que se indique lo contrario. Para finales del siglo xix e inicios del xx la mayoría de estados brasileños, incluyendo las áreas cafeteras de Río de Janeiro, São Paulo y Minas Gerais, tuvieron fronteras internas en expansión, por lo que también haré referencia a ellas. 102 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

3 ra cacaotera del sur de Bahía, en Brasil, muchos «afrobrasileños libres y libertos pudieron obtener tierras en la medida en que se desplazaran a las periferias pobladas del municipio» de Ilhéus (Mahony, 1997: 63). 3 Casos, todos ellos, en los que en un contexto de frontera muchos afrodescendientes libres y esclavos pudieron moldear a su favor algunas jerarquías sociales y raciales, convirtiéndolas en más flexibles de lo que las élites habían planeado. En este artículo vamos a preguntarnos exactamente hasta qué punto y de qué manera la tendencia a la flexibilidad y la fluidez en las relaciones sociales de los territorios de frontera afectaron a los proyectos de libertad de los afrobrasileños después de la abolición. Para ello tomaremos como ejemplo su experiencia en la Amazonía rural a finales del siglo xix e inicios del xx, y analizaremos los procesos de mezcla racial, los patrones de movilidad geográfica, el acceso a la propiedad agraria, y la generación de estrategias y narrativas políticas propias. Mientras que los datos censales de 1890 parecen indicar la permanencia de los ex esclavos en las regiones en donde residían antes de 1888, un análisis microhistórico sugiere que esta estabilidad espacial contiene en realidad patrones de movilidad geográfica supralocal, que alentaban simultáneamente tanto el mantenimiento de identidades étnicas tradicionales como la mezcla racial de la población. En segundo lugar, la informalidad en el acceso a la propiedad agraria facilitó la generación y la pervivencia de estrategias políticas propias entre las comunidades negras rurales de la Amazonía. Finalmente, debemos enfatizar que en la longue durée la contingencia de las relaciones sociales fronterizas hizo que la fluidez y la flexibilidad no siempre tuvieran efectos netamente positivos para los grupos populares que participaban de ellas. 1. La población negra de la Amazonía en 1888 Cuál era la población negra de la Amazonía justo después de la abolición? Como en el resto del país, esta es una pregunta aparentemente simple, pero difícil de responder con precisión. La principal herramienta que tenemos para ello es el censo de población de 1890, un documento muy problemático. El diseño, ejecución y publicación del censo estuvieron plagados de errores y problemas, según la Direitoria Geral de Estatística (DGE), la agencia federal que lo confeccionó. En 1898, el director de la DGE llegó a calificarlo como un «ensayo de censo» en alusión a los errores y omisiones que contenía (Loveman, 2009: 447). 4 Los cuestionarios que se repartieron entre los agentes censales eran largos, confusos y se distribuyeron tarde, con lo que no pudieron aplicarse las mejoras recomendadas después del censo de Los datos para el estado de Pará contienen errores en las sumas totales de población en cada municipio, 3. Véase también Bolland, La DGE es la precursora del actual Instituto Brasileiro de Geografía e Estatística o IBGE. Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

4 si bien no sabemos si esto se debe a erratas de imprenta o de cálculo (Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: 80-81). 5 En términos de composición racial (o color, como se denominaba en el censo de 1890), este clasificó a la población en cuatro categorías: blanco, negro (preto), mestizo (mestiço) y caboclo (indio o mezcla de indio y blanco). Si bien para algunos especialistas en este censo la categoría mestiço se refería «exclusivamente a la unión de pretos y blancos» (Nobles, 2000: 104; Piza y Rosemberg, 1999: 41), en un artículo más reciente la socióloga Mara Loveman señala que en realidad los directores de la DGE argumentaron que este término era más «genérico», e incluía también a individuos mezclados con «representantes de la raza indígena» (Loveman, 2009: 450). Con ello, la agencia gubernamental pretendía evitar la categoría censal de pardo, la cual conllevaba una mayor cercanía con la esclavitud. Aunque la DGE alegaba buscar únicamente una mayor precisión en el conteo racial de la población, en realidad se intentaba «blanquear» el censo, evitando las referencias a la negritud. Al fin y al cabo, a finales del siglo xix el racismo estaba en alza en el mundo científico (Rodrigues, 1977; Stepan, 1991: 40-41). Sin embargo, cuando desentrañamos sus limitaciones, el censo de 1890 sí muestra algunas características demográficas notables. En primer lugar, la población negra continuaba teniendo una presencia significativa en las antiguas zonas de plantación: Belém y su hinterland fluvial (ríos Acará, Guamá, Mojú, Capim), el Bajo Tocantins, la isla de Marajó, la región de Bajo Amazonas, y la frontera con Maranhão véase Mapa 1 (Bezerra Neto, 2001: cap. 5). En 1890 los municipios de estas regiones mostraban a menudo porcentajes de población negra cercanos o superiores al 10%: Cametá un 11%, Igarapé-Mirim un 15%, Acará un 9%, y Abaeté un 7% (Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: 3, 80-85). Sin embargo, estos datos cuantifican a la baja la presencia afrodescendiente. Estudios microhistóricos en Río de Janeiro o Rio Grande do Sul han mostrado como en los años finales de la esclavitud y en los posteriores a la abolición la categoría negro se reservaba a menudo para los esclavos, los libertos y sus descendientes (Mattos, 1995: 104, 330; Weimer, 2008: 76). Por tanto, en el censo de 1890 los negros y mulatos libres fueron clasificados, con toda probabilidad, como parte de la población «mestiza», la cual debía designar a los individuos con ascendencia africana de acuerdo al diseño del censo, como hemos visto. En otros estados hallamos evidencias de que «buena parte de los clasificados como caboclos eran mestizos y, frecuentemente, negros» (Weimer, 2008: 143), lo que indicaría que incluso la población designada como cabocla incluía afrodescendientes. El municipio de Cametá tenía un 32% de «mestizos» y un 11% de negros; Igarapé-Mirim un 44% de mestizos y un 15% de negros; Acará un 63% de mestizos y un 9% de negros, y Abaeté un 34% y un 7%, respectiva- 5. Véase el número total de hombres en Cametá o Igarapé-Mirim, o el total de habitantes de Abaeté. 104 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

5 Mapa 1. Áreas con una presencia significativa de población afrodescendiente en Pará (Brasil), 1890 Fuente: Elaboración propia. mente. Cuando sumamos ambas cifras obtenemos porcentajes similares o mayores al 50%, lo que da una imagen más realista de la expresividad de la población afrodescendiente en los antiguos municipios con una economía vinculada al trabajo esclavo. Como se ve en las tablas 1 y 2, la diferencia con los datos poblacionales de otros municipios que no tuvieron una economía de plantación, y por lo tanto una población esclava apreciable, es muy notable. En Jurutí, municipio de la región de Baixo Amazonas, con una economía basada en la ganadería, la población negra representa un 2% de la población, y la «mestiza» solo un 4%. En Itaituba, otro municipio sin tradición de población esclava cercano a la frontera con el estado de Amazonas, la población negra representaba en 1890 un 3%, y la «mestiza» un 22%. En cambio, en ambos municipios los individuos censados como caboclos representaban respectivamente un 66% y un 48%, porcentajes mucho mayores que los de Igarapé-Mirim o Acará, en los que solo un 9% y un 6% de la población, respectivamente, fueron incluidos en ese grupo. En resumen, el censo de 1890 muestra que las antiguas zonas de plantación mantuvieron una geografía racial y étnica diferenciada de la del resto de la región después de 1888, como muestra la expresividad de su población negra y mestiza. Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

6 Tabla 1. Grupos raciales en municipios con antigua economía de plantación en 1890 Igarapé-Mirim Acará Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Blancos % % % % % % Negros % % % 171 9% 168 9% 339 9% Caboclos (Indiens) 400 9% 398 9% 798 9% 108 5% 120 6% 228 6% Mestiços (Métis) % % % % % % Totales: Fuente: Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: Tabla 2. Grupos raciales en municipios con otras economías, 1890 Jurutí Itaituba Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Blancos % % % % % % Negros 26 2% 29 2% 55 2% 52 3% 49 3% 101 3% Caboclos (Indiens) % % % % % % Mestiços (Métis) 47 4% 56 4% 103 4% % % % Totales: Fuente: Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: 80. En segundo lugar, la información censal permite observar asimismo la dicotomía habitual de las relaciones raciales en Brasil. Mientras que por un lado la categoría de «negro» era vista como negativa por su asociación con el mundo de la esclavitud, y la población fue «blanqueada» por los agentes tanto intencional como accidentalmente; por otro lado la mezcla racial era un rasgo bien establecido entre la población, como expresa el tamaño de las poblaciones mestiza y cabocla. Esta dinámica estaba presente en todo el país, pero en la Amazonía creó una población definida en la época como racialmente mezclada de un tamaño abrumador, que fácilmente podía ascender a tres cuartas partes de la población. Estos grupos eran mayoritarios tanto a nivel estatal como en muchos municipios, tanto urbanos como rurales, en porcentajes que generalmente oscilan 106 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

7 entre el 40 y el 80%. Caboclos y mestizos representaban el 54% de la población del estado, pero en municipios como Faro llegaba al 80%, en Itaituba al 73%, y en Óbidos al 59% (Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: 3, 80-83). En la práctica, indios, negros y blancos de la Amazonía frecuentemente unieron sus destinos, formando familias que quebraban las jerarquías étnicas impuestas por las élites brasileñas. Tal dinámica parece haber estado presente en esta región ya desde la época tardocolonial, cuando los tres principales grupos étnicos entraron en contacto en el espacio amazónico (Harris, 2011: 40, 122). En resumen, los datos censales muestran que la población afrodescendiente continuó siendo muy expresiva en los municipios tradicionalmente negros después de la abolición en Hubo naturalmente una migración rural-urbana apreciable en esos años (Leal, 2005: ), como en el resto del continente, pero no se dio un éxodo masivo de libertos fuera de las zonas de plantación después de la Ley Áurea de 13 de mayo de Esta aparente estabilidad espacial coincide con un fuerte componente demográfico de mezcla racial: las categorías censales de caboclo y mestizo concentran porcentajes expresivos de la población rural que van desde el 40 hasta el 80% del total, unas cifras abrumadoras. Mientras que el primer dato ofrece una imagen de estabilidad, el segundo enfatiza la fluidez en las relaciones raciales. Cómo es posible que ambas tendencias coexistieran? Para resolver este aparente dilema reduciremos nuestra escala de observación al nivel microsocial. 2. Movilidad y autonomía: El caso de Clemente Antônio dos Santos Una vez libres del cautiverio, los afrodescendientes tenían la posibilidad de decidir dónde y cómo construir o proseguir sus proyectos de libertad. Elegir trabajo y residencia era la consecuencia más visible de ser por primera vez dueños de sus propias personas, y representaba la novedad más radical respecto a la esclavitud. Otras consecuencias de la libertad jurídica, como la posibilidad de trabajar a cambio de un salario, no eran en realidad algo totalmente nuevo: aun bajo la esclavitud muchos afrodescendientes recibieron pagos en efectivo a cambio de trabajo extra en plantaciones, haciendas y ciudades, y en estas últimas fueron comunes las quitandeiras (vendedoras ambulantes de dulces y tentempiés) y los escravos de ganho, quienes trabajaban por libre y pagaban a sus amos una cantidad estipulada. En 1851 el teniente de marina Lewis Herndon describía a los porteadores esclavos del puerto de Belém: «los esclavos se organizan en bandas o compañías, escogen su capitán, quien dirige su trabajo, y hace contratos con las casas comerciales». Los amos «les reclamaban a cada uno cuatro o cinco tostões al día, y luego les daban libertad para hacer lo que quisieran». Veinte años después, los geólogos británicos Charles B. Moore y William Lidstone observaron sorprendidos en el mercado portuario cómo muchas de las quitandeiras que allí trabajaban «eran esclavas, y los ramos de flores y los dulces que vendían los habían hecho sus dueñas, Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

8 quienes recurrían a este método para obtener ingresos extra» (Brown y Lidstone, 1878: 8; Herndon, 1854: 341). Dada la existencia de abundantes productos extractivos en los bosques amazónicos, muchos esclavos también fueron empleados en la colecta de caucho, castañas del Brasil (castanha do Pará), aceites vegetales y otros productos. Más allá de la supervisión de los propietarios, sin embargo, los esclavos extrajeron y comercializaron estos productos clandestinamente, para consumirlos o bien para venderlos a los omnipresentes regatões, los comerciantes que recorrían la cuenca amazónica en sus embarcaciones (De la Torre, 2011: ). En resumen, los esclavos residentes en la Amazonía tuvieron acceso al dinero en efectivo desde antes de La movilidad geográfica sin restricciones, sin embargo, era una experiencia en buena medida nueva. En las décadas a caballo entre el siglo xix y el xx, el tipo de movilidad que parece haber predominado entre los afrodescendientes de la Amazonía tiene lugar a nivel supralocal. Reproduciendo las pautas de movilidad geográfica de los campesinos libres durante todo el xix, mujeres y hombres solteros recorrían pueblos y haciendas en un radio de algunas docenas de kilómetros hasta que formaban una familia nuclear y adquirían una porción de tierras, normalmente por vía informal. Así, por ejemplo, en los ríos Trombetas y Erepecurú, un área marcada por una fuerte presencia negra debido a la existencia de notables mocambos o comunidades de esclavos fugados desde inicios del siglo xix, numerosas familias se formaron al calor de estas migraciones. Un joven llamado Clemente Antônio dos Santos emigró en algún momento de la década de 1870 desde una comunidad rural del municipio de Alenquer (región de Bajo Amazonas) hasta el lago Erepecú, en el adyacente municipio de Oriximiná (Funes, 2003: 242). Dos Santos era descendiente o bien de los cimarrones del quilombo de Pacoval, en Alenquer, o bien de libertos asentados en tierras del mismo municipio. 6 En cualquier caso, su ruta siguió las de otros lavradores de roça negros, campesinos pobres cuya agricultura de subsistencia se basaba en el huerto o roçado de mandioca. La mayoría de libertos y cimarrones de la región de los ríos Trombetas y Curuá adoptaron esta estrategia económica y forjaron troncos familiares compartidos entre ambas áreas después de 1888, conformando una geografía racial propia para los ríos Trombetas y Curuá que perduró durante todo el siglo xx (Brown y Lidstone, 1878: 236; Muniz, 1921: 16-17, 40-41). La autonomía y la prosperidad económica que Clemente Antônio dos Santos y muchos otros afrodescendientes persiguieron con sus migraciones supralocales estuvieron sujetas a múltiples fuerzas. Algunas tuvieron que ver con la trayectoria específica de los ex esclavos. La inmensa mayoría de ellos comenzó su etapa vital en libertad como trabajadores no cualificados analfabetos, sin formación educativa o laboral, sin sumas apreciables de capital para invertir en em- 6. Sobre Pacoval, véanse De la Torre, 2012; Funes, Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

9 presas agrarias o industriales, y con unas redes sociales existentes pero limitadas. Además, los ex esclavos portaban consigo un marcador muy visible de su pasado: el fenotipo. La categoría racial, sin embargo, tuvo un impacto mucho mayor como factor de desigualdad en las ciudades que en el campo, dado que fue en los espacios urbanos donde los individuos vendían su fuerza de trabajo en mercados competitivos y con una presencia apreciable de trabajadores de origen europeo, más valorados que los afrodescendientes en virtud del racismo científico de la época (Andrews, 1991). En resumen, el pasado esclavo fue una pesada losa para alcanzar la promesa de ascenso social que la libertad trajo consigo en los años de la postabolición. Otros obstáculos enfrentados por los afrodescendientes no diferían de los del resto de campesinos amazónicos. El acceso a la formación profesional, la innovación tecnológica y el capital necesario para invertir en la modernización técnica brillaron por su ausencia durante estas décadas, a pesar de la bonanza económica traída por el auge gomífero de la segunda mitad del siglo xix e inicios del xx. Las instituciones públicas llevaron a cabo intentos puntuales para modernizar la agricultura amazónica, pero estos se debieron a coyunturas específicas y a menudo tuvieron resultados limitados (Dean, 1987; Weinstein, 1983). Volviendo al caso de Clemente, además de usar redes familiares ya establecidas para llevar a cabo su migración, él escogió el lago Erepecú para asentarse y formar una familia nuclear debido al floreciente comercio de castaña de Brasil (allí llamada de Pará) durante esas décadas. El lago Erepecú contaba con numerosos castañales, áreas con una importante densidad de Bertholletia excelsa, el árbol que produce las castañas de Pará cada año entre septiembre y enero (Mori y Prance, 1990; Peres y Baider, 1997). La elección de Clemente ejemplifica a la perfección la de muchos otros afroamazónicos, quienes tendieron a combinar la agricultura de subsistencia, el extractivismo, y la venta ocasional de su fuerza de trabajo a fazendeiros os eringalistas. Esta última estrategia no parece haber estado entre las escogidas por Clemente, aunque algunos descendientes de cimarrones sí las pusieran en práctica. 7 Los inmigrantes provenientes del nordeste y de otras partes de Brasil y algunos grupos indígenas específicos de la alta Amazonía se dedicaron en algunos casos al extractivismo como única fuente de renta, pero lo hicieron normalmente en propiedades caucheras específicas y forzados por las deudas contraídas con los comerciantes caucheros. Estas relaciones laborales se dieron sobre todo entre las décadas de 1890 y 1913, cuando el boom cauchero amazónico alcanzó cotas astronómicas para llegar a un súbito fin, y parecen haber sido poco frecuentes. Si hay una característica notable de los campesinos amazónicos es que estos prefirieron la autonomía al trabajo asalariado, aun cuando en 7. Entrevista colectiva con Nicanor (nacido en 1940), Aldenor Pereira de Jesús (nacido en 1953), Teresa Fernandes Regis (nacida en 1938), y Raymundo Dias Barbosa (nacido en 1947), 6 de junio de 2009; Cartório Ferreira (Óbidos), Autos de Manutenção de Posse, Elysio Pessoa de Carvalho versus Raimundo da Costa Lima, 1926, págs Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

10 ocasiones recurrieran a este como complemento de otras actividades. En 1848 el propietario de una plantación cacaotera lamentaba en una conversación con el naturalista británico Henry W. Bates cómo «la abundancia de tierras desocupadas, la libertad que impera [...] y la facilidad con la que la mera subsistencia puede obtenerse trabajando poco, tientan a los más bienintencionados a dejar el trabajo regular [asalariado] en cuanto pueden». Casi un cuarto de siglo después, el presidente provincial José V. C. de Magalhães argumentaba que «los pequeños productores del Pará viven ociosamente la mitad del año», dedicándose a extraer productos del bosque para venderlos. «Por encima de todo, el paraense ama la independencia» (Bates, 1892: 28; De Magalhães, 1864: 15, 17). Mientras que en la región conformada por el Trombetas y el Curuá la movilidad geográfica supralocal contribuyó a mantener una identidad étnica afrodescendiente, así como un importante componente racial negro, en otras microrregiones la movilidad entre diferentes municipios incentivó la mezcla racial. En el tradicional municipio de Vigia, en la costa atlántica, los libertos y los negros y mulatos libres circularon continuamente entre la isla de Tauapará, donde residían muchos descendientes de la gran plantación de azúcar Santo Antônio da Campina, y la periferia urbana. Desde la comunidad de Santo Antônio, situada en los márgenes de la antigua plantación y habitada por libertos y descendientes de esclavos hasta mediados del siglo xx, muchos jóvenes se desplazaban a Vigia, a solo dos horas de viaje en barca, y «volvían aquí principalmente cuando íbamos a salir a pescar [...] porque en Vigía no había oportunidades de trabajo» (não tinham condições de trabalhar), según narra Manoel Ramos dos Santos, antiguo morador de Santo Antônio, refiriéndose a la experiencia de sus padres y abuelos. 8 Como en el caso de la familia de Manoel, muchos afrodescendientes circulaban entre Vigia y las comunidades de Ovos, Terra Amarela o Guajará, en busca de oportunidades laborales en la agricultura, la pesca, el comercio o los servicios. Al hacerlo a menudo encontraban una pareja con la que formar una nueva familia nuclear. 9 Al movimiento de los afrodescendientes hay que sumar el de otros campesinos con diferentes orígenes étnicos y raciales. Tal es el caso de Benício Miranda, un joven labrador blanco que alrededor de 1930 arrendó una parcela de tierras del antiguo ingenio a cambio de parte de su cosecha de yuca, maíz, frijoles, calabaza y otros productos agrícolas (De la Torre, 2010). Él no era el primer campesino blanco pobre en llegar a la antigua plantación (ahora propiedad rural) de Campina: otros lo hicieron antes, inclusive en los años en los que la propiedad aún producía azúcar con mano de obra esclava, y otros continuarían haciéndolo durante las décadas tempranas del siglo xx. Como resultado de este 8. Entrevista a Manoel Ramos dos Santos (nacido en 1948), Comunidad Terra Amarela (Vigia, Pará), 19 de marzo de Entrevista a Seu Alcides (nacido en 1940), 26 de marzo de 2009; también entrevista con Dona Bena (nacido en 1922), 1 de abril de 2009; Nadi Ferreira dos Santos (nacido en 1948), 3 de marzo de 2009; Manoel Santana Ferreira (nacido en 1940), 25 de marzo de Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

11 mo vimiento continuado, la mezcla racial y étnica devino constante en la región de Vigia, algo palpable no solo en su rico folclore, sino también en el casi 40% de población mulata que allí residía en 1890 (De la Torre, 2010; Brazil. Direitoria Geral de Estatistica, 1898: 85). Muchas otras regiones compartieron esta tendencia. Volviendo al río Trombetas y a la historia de Clemente Antônio dos Santos, este acabó su peregrinaje al establecerse en el lago Erepecú, al tiempo que formaba una unión estable con Martinha Maria dos Santos, quien al parecer provenía de la ciudad de Alenquer, antes de Martinha vivía entre descendientes de mocambeiros del río Trombetas, y como ellos se dedicaba a extraer castañas del Pará, muy abundantes en el Erepecú, lo que le permitía una existencia austera pero libre de las injerencias de las clases propietarias. Clemente y Martinha pronto engendraron a Maria Joana dos Santos y a otros descendientes que no conocemos. Ana, hija de Maria Joana, narró su epopeya familiar al historiador Eurípedes Funes en 1988 (Funes, 2003: 242). 10 Así pues, las trayectorias espaciales de los afrodescendientes en el río Trombetas y en Vigia muestran cómo ambos participaron en el circuito supralocal de movilidad, una tendencia que podía reforzar la geografía racial de una región o bien atenuarla. Los patrones de movilidad generaban familias formadas por afrodescendientes o incorporaban miembros con ancestros europeos e indígenas. Sería interesante analizar qué umbrales étnicos y raciales marcaron la designación de un área como territorio tradicionalmente negro, pero esta misión naturalmente excede este trabajo. Por ahora, hemos visto cómo algunas regiones pudieron considerarse tradicionalmente negras y al mismo tiempo mantener circuitos de movilidad que permitieran la mezcla racial. 3. Ley, tierra y mito Además de formar una familia propia, el 15 de julio de 1896 Clemente registró en la parroquia de Óbidos dos posses de tierras, es decir, dos parcelas de tierras públicas ocupadas por él y su familia sin contestación por parte de otros propietarios, denominadas Nossa Senhora do Carmo y Santo Antônio (Muniz, 1907, 1: 210). La posse registrada por Clemente no confería la plena propiedad legal de la tierra; para alcanzarla, tenía que convertirse en título provisorio y posteriormente en título definitivo, un proceso que implicaba medir las parcelas, demarcarlas y pagar por la demarcación y por la propia tierra a la Demarcação de Obras Públicas, Terras e Viação del estado de Pará. Era un proceso largo y costoso, fuera de las posibilidades de la mayoría de los campesinos amazónicos. 10. Sobre el concepto de posse y su importancia en la historia de los campesinos brasileños, véanse Holston, 2008: ; Motta, 1998: 123, Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

12 Sin embargo, aunque tanto Clemente como la mayoría de campesinos pobres nunca adquirieron títulos definitivos de propiedad, sí que registraron títulos de posse, los cuales funcionaron a menudo como sustitutos prácticos de los primeros. Pese a que la Ley de Tierras de 1850 reguló y formalizó las vías legales de adquisición de inmuebles rurales, las posses podían ser consideradas pruebas válidas de ocupación cuando existían conflictos por la propiedad de la tierra, y campesinos de todas las clases sociales a menudo vendían, parcelaban y heredaban sus posses, una práctica en teoría ilegal pero muy frecuente. En la misma región de Baixo Amazonas, sin ir más lejos, muchos lavradores de roça vendieron sus posses a casas comerciales de castaña en las primeras décadas del siglo xx, como en el caso de las posses compradas por Joaquim Tavares de Souza a Domigos Rodrigues de Mello, Manoel José Accacio, Antonia Francisca Corrêa y Maria Francisca Sant Anna en el río Curuá entre 1899 y 1911, o las que José Antônio Picanço Diniz compró de varios locales en el río Trombetas en los mismos años. 11 El uso popular de los títulos de posse rebasó ampliamente los límites para su uso legal, deviniendo una suerte de sistema legal paralelo de tenencia y transmisión de inmuebles rurales. El hecho de que en la práctica los títulos de posse devinieran títulos de propiedad refleja un fenómeno más amplio. Mientras que el marco legal sobre la propiedad agraria naturalmente impuso límites y condicionó las estrategias de acceso a la tierra de los campesinos negros, estos interpretaron la ley desde sus perspectivas y sus trayectorias históricas particulares, creando una serie de discursos y prácticas que conformaron un campo de relaciones políticas propio. Este conjunto de prácticas y discursos no tienen unos límites bien definidos: surgieron en un proceso continuo de experimentación en las relaciones con la esfera judicial, con las cambiantes élites locales, con otras comunidades campesinas y, naturalmente, con los cambios experimentados dentro de las propias comunidades negras. Sin embargo, pese a las limitadas investigaciones que existen sobre ellas, podemos decir que para inicios del siglo xx (quizá antes), cuando una serie de actores nuevos llegan a la región amazónica, dichas estrategias estaban ya formadas y habían sido practicadas con anterioridad. Este proceso de creación de estrategias políticas propias es asimismo relevante porque en un período posterior, a finales del siglo xx e inicios del xxi, estas acabaron por introducirse en la ley agraria brasileña a través de la Constitución de El ya famoso artículo 68 de las Disposiciones Constitucionales Transitorias estableció en ese año que «a los remanescentes de quilombos que estén ocupando sus tierras les será reconocida la propiedad definitiva, debiendo el Estado emitirles los títulos definitivos», lo que abrió la puerta a reconocer políticamente a las comunidades negras rurales de Brasil. 12 Con los años, la ley se 11. Instituto de Terras do Pará, Autos de Medição e Discriminação de Joaquim Tavares de Souza e Esposa, 1911; Autos de Medição Massaranduba, José Antônio Picanço Diniz, Artículo 68 de las Disposiciones Transitorias: «Aos remanescentes das comunidades dos quilombos que estejam ocupando suas terras, é reconhecida a propriedade definitiva, devendo o 112 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

13 aplicó a cualquier comunidad negra, más allá de si sus ancestros eran cimarrones o tenían otras vinculaciones con la esclavitud (Malcher y Ataide, 2009: 44; Secretaria de Politicas de Promoçao da Igualdade Racial, 2005: 6). Por lo tanto, en la práctica, y de manera sorprendente, las más de 200 comunidades negras reconocidas y tituladas por el estado brasileño hasta finales de 2012 han conseguido que la ley aceptara sus narrativas fundacionales y reconociera su validez legal. A pesar de los profundos cambios que estas pudieran experimentar durante el siglo xx, la mayoría de estas narrativas fueron forjadas, como decíamos, en las décadas postabolición. Si las leyes agrarias tuvieron una influencia en las estrategias negras de defensa de la tierra, a largo plazo estas estrategias también acabaron impactando en la ley. Que muchas de ellas fueron confeccionadas y practicadas en las décadas después de 1888 lo atestiguan documentos sobre conflictos de tierras acaecidos a principios del siglo xx. Durante esos años, algunas comunidades de descendientes de cimarrones, de nuevo en la región de Baixo Amazonas, pusieron en práctica estas estrategias en el contexto de una creciente conflictividad sobre sus tierras. En 1921, por ejemplo, los habitantes de Pacoval, una comunidad negra descendiente de quilombo del municipio de Alenquer, protagonizaron las protestas públicas contra la privatización de unos castañales que la comunidad había usado durante décadas, y que resultaban fundamentales para su sustento. El conflicto, en el que la comunidad se alió a una serie de comerciantes con los que mantenía lazos tradicionales de compadrazgo y reciprocidad económica para llevar a cabo protestas públicas, fue ampliamente reportado en la prensa y llevó al gobierno estatal a enviar a un alto representante del Departamento de Tierras Públicas a Alenquer para dirimir el conflicto en En el transcurso de la visita oficial efectuada por el director del Departamento, João de Palma Muniz, los pacovalenses expresaron su derecho a la tierra basándose en su trayectoria histórica y en un proyecto social y económico propio. Interpelando directamente a Palma Muniz, le pidieron que los castañales permanecieran «libres», manteniéndolos como «una especie de patrimonio de los negros, para que solamente ellos pudieran recolectar las castañas», según lo descrito por el enviado del gobierno estatal (Muniz, 1921: 46). A primera vista, esta reivindicación deja poco lugar a dudas y expresa el deseo de mantener los castañales abiertos a todos aquellos que desearan usarlos. Sin embargo, un estudio más cuidadoso revela otros significados. La «libertad» a la que aludían los pacovalenses no significaba en realidad que los castañales se mantuvieran libres de la presencia de casas comerciales, sino que solo las casas comerciales que mantenían lazos comerciales y de patronazgo con ellos pudieran seguir operando allí. Desde mediados de la década de 1870, y quizá antes, los mocambeiros de Pacoval y otros cimarrones habían comerciado clandestinamente con las Estado emitir-lhes títulos respectivos». Disponible en (consulta: mayo de 2011). Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

14 castañas, lo cual permitió a estos últimos tener acceso a manufacturas, herramientas, armas y otros ítems imposibles de producir por los cimarrones (De Azevedo, 2002: 30; Funes, 1995: ). 13 Después de la abolición, las relaciones comerciales con las casas comerciales continuaron, y comerciantes como Francisco dos Santos Amaral, los hermanos Milton y Gumercindo Ferreira, y otros, ampliaron su presencia en los castañales del Curuá. 14 Sin embargo, las actividades de estos comerciantes no fueron percibidas como amenazas para la autonomía de Pacoval, ya que sus habitantes no se veían obligados a trabajar para ninguno de ellos en concreto. Con el modelo tradicional de comercio, al que los mocambeiros llamaban «libre,» los diferentes agentes comerciales competían por comprar las castañas al mejor postor, una competencia en los precios que naturalmente beneficiaba a los productores (Muniz, 1907: 33, 40, 41). Este modelo «libre,» enraizado en prácticas comerciales con décadas de antigüedad y con importantes implicaciones para la identidad colectiva de los pacovalenses, es el que peligró con las peticiones de privatización de los castañales en En esta tesitura, los pacovalenses pusieron en marcha sus redes tradicionales de patronazgo con los comerciantes y prohombres de Alenquer. No solo obtuvieron el apoyo del comerciante Francisco dos Santos Amaral (quien, naturalmente, estaba interesado en proseguir sus actividades en los castañales) en sus reivindicaciones ante el estado. El poderoso abogado, ex alcalde de Alenquer y senador paraense Fulgêncio Simões llegó a proponer en el Senado estatal que se demarcaran las tierras usadas por los pacovalenses y se les dieran en propiedad, «para concederles la posesión de las tierras que habitan, garantizando su futuro». 15 Dicho proyecto finalmente no prosperó, no sabemos exactamente por qué, pero es impactante notar el alcance y las posibilidades de éxito que tuvieron las redes tradicionales de clientelismo político forjadas por los pacovalenses. Discernir lo que cada una de las partes recibía a cambio del apoyo de la otra, sin embargo, es una difícil tarea. Los comerciantes y políticos de Alenquer como Amaral y Simões parecen haber recibido fidelidad comercial y prestigio social por parte de sus clientes y trabajadores en Pacoval. Los pacovalenses, por otro lado, recibieron apoyo para su proyecto de viabilidad como comunidad campesina, con el objetivo de mantener un alto grado de autonomía y un mejor acceso a los intercambios comerciales, tan necesarios en los núcleos rurales amazónicos. Finalmente, los pacovalenses no tuvieron éxito a la hora de defender su acceso particular a los castañales del río Curuá, debido a la posición favorable a la 13. Cartório do Segundo Ofício de Alenquer (ó C2A), Inventário post-mortem de Candido José Simões, 1873, pág. 5; Inventário post-mortem de Manoel Pinto Monteiro, Entrevista con Maria José Monteiro, Pacoval (Dona Piquixita), 22 de abril de 2009 (nacida en 1915); Muniz, 1907: 17. Véase también De Azevedo, 2002: Fundaçao Cultural Tancredo Neves, «Congresso do Estado: Senado». Folha do Norte, 9522 (23 de septiembre de 1921). 114 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

15 privatización del gobierno del estado (De la Torre, 2012: 39-41). En cualquier caso, está claro que sus estrategias políticas estaban ya formadas cuando en 1921 se desencadenó el conflicto. Al proyecto de privatización de tierras de castañal ellos respondieron defendiendo sus estrategias tradicionales de comercio y autonomía campesina, empleando categorías discursivas propias, y recurriendo a las redes de aliados forjadas mientras la esclavitud exhalaba sus últimos suspiros y la libertad daba sus primeros pasos. Como muchos otros campesinos negros en la Amazonía, respondieron a los retos del momento empleando herramientas y formulando proyectos que hundían sus raíces en el pasado y al mismo tiempo proyectaban sus comunidades en el futuro. Más allá de las estrategias empleadas por descendientes de cimarrones, en otras regiones amazónicas hallamos narrativas y mitos fundacionales empleados por descendientes de esclavos en conflictos similares durante todo el siglo xx. Al conservar únicamente las narrativas, y desconocer normalmente las estrategias políticas y jurídicas que las acompañaron, no disponemos de datos muy fiables sobre cómo y cuándo se desarrollaron dichas estrategias. Sin embargo, algunos de sus elementos constitutivos a menudo se repiten, como por ejemplo las relaciones tradicionales de patronazgo con las élites locales. Este es el caso de las narrativas recogidas en la cuenca guajarina, a lo largo de los ríos que desembocan cerca de la capital paraense de Belém. En la comunidad negra de São Judas, municipio de Bujarú, la narrativa de origen sostiene que el plantador azucarero Raimundo Trovão legó las tierras de su plantación a sus esclavas Casimira y María Monge, quienes fundaron los extensivos troncos familiares que originaron la comunidad. En el municipio de Ananindeua, bajo río Acará, se halla la comunidad de Guajará Miri, cuyos orígenes míticos se remontan al casamiento del conde Coma Melo con su esclava Olimpia y la cesión en herencia de las tierras del conde a tres mujeres esclavas conocidas como las «Tres Marías». Una historia similar se da en las villas negras de Boavista do Itá y Macapazinho, en el municipio de Santa Isabel. En realidad, estas narrativas se encuentran por todo Brasil, desde la comunidad de Jamary dos Pretos, en el estado nordestino de Maranhão, hasta Río de Janeiro en el sureste. 16 Sin embargo, en la Amazonía la riqueza y la persistencia de estas tradiciones orales hasta el presente reflejan la persistencia de los mecanismos informales de acceso a la propiedad agraria. Los conflictos de tierras han existido durante todo el siglo xx en la región, pero las oportunidades para ocupar espacios desocupados y formar comunidades rurales autónomas también. En este contexto, las comunidades negras siempre pudieron migrar hacia nuevos horizontes y buscar nuevos productos extractivos con los que forjar su autonomía campesina. 16. Comunidades de São Judas, Guajará Miri, Boavista do Itá, y Macapazinho, en Castro, 2005; Acevedo y Castro, 1998: 37-49; O Dwyer y De Carvalho, 2002: 193, 195; De Gusmao, 1999: 146. Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

16 4. Consideraciones finales: La fluidez fronteriza en la Longue Durée A primera vista las trayectorias de los afrodescendientes en la frontera durante las décadas postabolición sí parecen estar caracterizadas por la flexibilidad y la fluidez. Sin embargo, estos rasgos se manifiestan de manera compleja, proyectando una imagen diferente dependiendo de la faceta social en que se reflejan. En términos demográficos, un breve repaso de los datos censales de 1890 muestra que apenas dos años después de la abolición de la esclavitud, las regiones con una presencia negra significativa en el pasado mantenían una geografía racial propia, en la que la población afrodescendiente a menudo alcanzaba el 50%. Irónicamente, esta geografía se vertebra fundamentalmente a partir de la población clasificada en el censo como mestiza, no como negra. Es solamente al sumar los porcentajes de ambos grupos cuando obtenemos una idea más o menos realista de la presencia afrodescendiente. El argumento formulado por el historiador afromexicanista Ben Vinson, quien afirma que en América Latina la negritud «posee una proverbial fluidez», se cumple aquí a la perfección (Vinson III, 2006: 8). De cualquier modo, el tamaño de la población afrodescendiente mezclada con otros grupos raciales sugiere que, pese a seguir viviendo en los municipios tradicionalmente negros después de 1888, las relaciones raciales estuvieron marcadas por la fluidez, una aparente contradicción entre estabilidad espacial y fluidez racial. Una mirada más cercana a la trayectoria de los afroamazónicos ayuda a resolverla. Alrededor de 1890, Clemente Antônio dos Santos migró a lo largo de circuitos supralocales entre municipios cercanos, valiéndose de redes familiares y de actividades económicas agrícolas y extractivas. Estos circuitos migratorios podían reforzar la geografía racial de un área determinada, como en el caso del río Trombetas, o bien estimular las uniones familiares entre negros, blancos e indios, como en el caso de Manoel dos Ramos y Benício Miranda en las tierras del Tauapará. Los afrodescendientes se incorporaban al patrón de movilidad geográfica de los campesinos amazónicos, enfatizando la independencia y la autonomía respecto a las élites agrarias de fazendeiros y propietarios de estradas caucheras. Como vimos a través de la historia de la vida de Clemente, los afrodescendientes de la Amazonía también se beneficiaron de la informalidad en el acceso a la propiedad agraria en dicha zona. Dada la abundancia de tierras desocupadas a lo largo de la frontera y la facilidad para penetrar tierra adentro gracias a la red fluvial de la región, Clemente y su familia pudieron establecerse en el lago Erepecú y registrar una posse de tierras, la cual podía ser validada ante la ley en determinadas condiciones como el respaldo de testigos o la presentación de pruebas de residencia y cultivo. Empleando una agricultura de subsistencia, y recurriendo al extractivismo vegetal y al trabajo asalariado ocasional, Clemente y su esposa Martinha fundaron una nueva familia nuclear cuyos descendientes como muchos otros han perdurado hasta el presente. 116 Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

17 Este proceso reflejaba en realidad uno mucho más amplio. La flexibilidad y la informalidad en el acceso a la propiedad agraria permitieron que se forjaran estrategias diversas y variadas para defender el derecho a la tierra por parte de las comunidades negras. Algunas enfatizaron los lazos con comerciantes, otras con antiguos propietarios de esclavos y aun otras esgrimieron documentos de varios tipos como bases para edificar sus narrativas y sus estrategias de reproducción y defensa comunitaria en las décadas de la postabolición. Investigaciones actuales sobre las comunidades negras rurales en la Amazonía han empezado a desenterrar la variedad y diversidad de dichas estrategias, ofreciendo una panorámica que reafirma la riqueza de estas tradiciones políticas en la región. Sin embargo, las consecuencias de la informalidad en el acceso a la propiedad agraria en la Amazonía no siempre han sido positivas. Cuando a partir de los años cincuenta, sesenta y setenta el gobierno federal incentivó la llegada de capitales privados y públicos en masa para fomentar los proyectos agropecuarios, mineros, o infraestructurales, la inexistencia de un marco legal sólido para dirimir los conflictos de tierras constituyó, sin duda, un problema añadido a la ya de por sí posición vulnerable de las comunidades negras respecto a las nuevas élites económicas. Es probable que con un marco legislativo y con unas prácticas legales más consistentes históricamente respecto a la propiedad agraria, las comunidades negras hubieran podido evitar al menos algunas de las injusticias más flagrantes, como la expulsión de las veinticinco familias de la comunidad del lago Jacaré, en el río Trombetas, en 1979, por poner un ejemplo. 17 Como nos advierte una colección reciente de ensayos sobre la frontera, «los lazos de familia, las relaciones patrón-cliente y las alianzas locales a menudo determinaron la pertenencia y el poder» en estas regiones, dándoles una contingencia inusitada a las relaciones sociales (Hämäläinen y Truett, 2011: 338, 348). Si bien esta contingencia a menudo favoreció los intereses de las comunidades negras en las décadas posteriores a 1888, a largo plazo sus consecuencias fueron a menudo imprevisibles. Bibliografía citada Andrews, George Reid (1991). Blacks and Whites in São Paulo, Brazil, Madison, WI: University of Wisconsin Press. Bates, Henry Walter (1892). The Naturalist on the River Amazons. Londres: John Murray. Bezerra Neto, José Maia (2001). Escravidão Negra no Grão-Pará: Sécs. xvii-xix. Belém: Paká-Tatu. 17. Un abogado de la compañía minera Santa Patrícia se presentó una mañana de 1979 acompañado por la policía y esgrimiendo un título de compra de las tierras, y forzó a las veinticinco familias a dejar sus tierras a cambio de una ínfima compensación monetaria bajo la amenaza de arresto. Entrevista con Antônio Souza, lago Abuí (Oriximiná), 5 de junio, Véase Acevedo, 1998: Boletín Americanista, año lxiv. 1, n.º 68, Barcelona, 2014, págs , ISSN:

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